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Cartagena de Indias, del lujo a la miseria

Cartagena de Indias / Bolívar / Febrero-Marzo 2008

Por Ismael Santaclara

En el mundo existen cientos de ciudades con grandes contrastes sociales, Cartagena de Indias es una más, pero con una diferencia esencial, muchos de los que viven en los barrios marginales están allí contra su voluntad. Son desplazados, algunos por el conflicto armado y los intereses económicos de quienes lo alimentan, que lo utilizan para justificar sus crímenes, y otros son desplazados por el avance de las inversiones turísticas de las grandes corporaciones.


La puerta de la Torre del Reloj, en la ciudad amurallada, una de las zonas turísticas de la ciudad.


Policía en la Plaza de Santo Domingo.
 

Playas de Bocagrande.

La ciudad amurallada por los españoles recibe a los turistas con sus calles limpias, sus fachadas bien pintadas de múltiples colores y una nutrida presencia policial, que se pasea alegremente en sus carritos de golf, para garantizar la seguridad de los visitantes. Parte de su importante misión es que no haya indigentes que contaminen visualmente la ciudad “heroica”, para que así los turistas puedan pasear tranquilamente sin que su conciencia se vea agitada por la realidad que no viene en los folletos turísticos.

Ese esfuerzo en seguridad es para el centro histórico y las zonas hoteleras como Bocagrande, esa es la Cartagena que realmente importa a las autoridades, dicen que para que continúen las inversiones y aumente el turismo beneficiando a todos. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de esas plusvalías van a parar a multinacionales hoteleras, importantes agencias de viajes o exclusivas cadenas de restaurantes, nada nuevo. Al final, sólo un poco más de empleo, y muchas veces en condiciones laborales precarias o ilegales. Un obrero cualificado que trabaja en la construcción de la que será la torre más alta de la ciudad cobra 15.000 pesos (5.5 euros) diarios, el salario mínimo, de ahí tiene que descontar su almuerzo y el transporte, más o menos 6.000 pesos, y es un privilegiado.

Trabajadores de la construcción en Bocagrande


Sector de Bocagrande entre la bahía y el mar Caribe.
 


La alcaldesa en la base naval.

Pero el sector hotelero de Bocagrande se está quedando pequeño. Este apéndice turístico, rodeado por el mar Caribe y por la misma bahía de entrada al puerto, está plagado de rascacielos, ya casi no cabe ninguno más, parece como si la tierra se fuera a hundir del peso que tiene que soportar. Así que la siguiente expansión de las inversiones tiene como punto de mira las populares playas de La Boquilla, al norte de la ciudad. En esa zona, los pequeños ranchos de los propietarios de restaurantes están desapareciendo dejando paso a nuevas construcciones turísticas. La llegada de los hoteles, los restaurantes de lujo y los deportes acuáticos significa una recalificación de la estratificación de la zona y, por lo tanto, algunos propietarios no pueden pagar el aumento en el precio de los servicios básicos viéndose obligados a vender al mejor postor. (En Colombia los barrios o zonas se califican en Estratos, del 1 al 6. Cuanto más bajo el nivel de vida, menor es el estrato, y menor es el recibo de los servicio básicos. Hay que aclarar que aunque el recibo sea menor en los estratos bajos, muchas veces sigue siendo muy alto en proporción a los ingresos familiares).

Ranchos en las populares playas de La Boquilla, al fondo las nuevas construcciones

Beisbol aficionado en El Espinal.
 

Recuerdos para los turistas.

Según el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas), la tasa de desempleo en Cartagena en el 2007 fue del 13,6%. Sólo hace falta darse un paseo por la ciudad y hacer unas cuantas preguntas para darse cuenta que ese dato no refleja la realidad. A no ser que el DANE considere empleados a los que venden lapiceros de puerta en puerta, o chicles en las esquinas o, también, a los menores de edad, de ambos sexos, que acuden a las llamadas de los turistas norteamericanos y europeos para prostituirse por unos míseros dólares. La economía informal o el llamado “rebusque”es el pan de cada día para mucha gente, en eso Cartagena no se diferencia mucho del resto del país.


Fútbol al pie de la ciudad amurallada..
 

Economía informal.

Barrios populares del sur-oriente, al fondo los rascacielos de Bocagrande.

A los barrios de la “periferia”, en donde viven la mayoría del millón de habitantes de la ciudad, siguen llegando desplazados de otras partes del departamento de Bolívar y del país. Además, algunos barrios reciben desplazados intra-urbanos, familias que huyen de la inseguridad generada por la extrema necesidad o, sencillamente, gente que quiere subir un escalón en su nivel de vida, en este caso pasar de la miseria a la pobreza.

Las condiciones de vida en algunos barrios, con problemas de acceso a la energía, con alcantarillas, los que tienen, que rebosan esparciendo los excrementos por las calles, sin teléfonos públicos, contrastan con las inversiones en otros sectores. Entre 2006 y 2007 se construyeron 993.976 metros cuadrados, destinados a viviendas de lujo, centros comerciales, urbanizaciones exclusivas y hoteles. Se va a construir la Ciudadela Empresarial y Logística del Caribe (CELICA) con una inversión de 380 mil millones de pesos (130 millones de euros), el Parque Comercial y Empresarial Puerta de las Américas y el TLC World Wide Industrial Park. Todas estas inversiones van a crear empleos, la mayoría temporales, pero a lo largo de las últimas décadas estas inyecciones de capital no han mejorado las condiciones de vida de la mayoría de la población, así que algo está fallando, o quizá no.

La coicna de una afroc-colombiana en el barrio La Candelaria..


Estampas de La Candelaria
 

La Candelaria, Olaya Herrera, Líbano… son nombre de barrios populares del sector sur-oriente. Allí, el fino polvo de las calles sin asfaltar flota en el ambiente y se cuela en los pulmones provocando graves afecciones respiratorias, sobre todo a los niños y a los ancianos. Cuando llueve, se va el polvo y llega el barro y el agua, que cada temporada sube por encima del nivel de las casas, inundándolas, y sin poder retirarse hacia la ciénaga de la Virgen, desde que se construyo la nueva carretera perimetral, que impide la salida. Aún así, y poco a poco, las condiciones de vida van mejorando, casi siempre gracias al propio esfuerzo comunitario o al de sectores comprometidos, como una parte de la iglesia católica, alejada del oficialismo y la pompa de sus dirigentes, más acostumbrados a asistir a los congresos y eventos internacionales que al polvo de los barrios populares.

Efectivo de la armada nacional vigilando la carretera perimetral, al fondo la ciénaga de La Virgen.

Más al sur está el barrio Nelson Mandela, fundado en 1994 por desplazados, principalmente del sur de Bolívar y del Urabá antioqueño y chocoano, zonas de conflicto y, claro, de intereses en recursos naturales. En estos quince años no han parado de recibir desarraigados hasta llegar a los 50.000 pobladores. Aunque en el barrio, y a pesar de la pobreza, apenas hay delincuencia, si que sufren el acoso de los grupos paramilitares. Ya llevan cuatro líderes asesinados, el último, Manuel López a mediados del año pasado. A Manuel lo avisaron en Mayo, “el próximo va a ser usted”. A principioss de junio del 2007 la policía detuvo a unos paramilitares que rondaban la zona con armas y granadas, a los pocos días salieron libres, el 16 de junio cumplieron su promesa. Durante esa época mucha gente no acudía a la policía para denunciar los crímenes o las amenazas, ya que a las pocas horas el denunciado había sido informado y el riesgo era mucho mayor.

Muchos de los desplazados provienen del Chocó. Peluqiería en el barrio Nelson Mandela.


Los ancianos y los niños son los más vulnerables.
 

Alcantarillas saturadas en N.M.

Los paras justifican sus crímenes diciendo que hay infiltración de la guerrilla, pero la realidad es que asesinan y amenazan para seguir controlando negocios como la prostitución, los préstamos ilegales (pagadiario), las vacunas para ofrecer su seguridad, el robo de gasolina de los caños que pasan por el barrio o por el control de los corredores hacia las zonas rurales para el negocio del narcotráfico y el lavado de dinero. Todo eso es de dominio público, también lo saben las autoridades.

Desde hace unos meses algunos líderes comunitarios del barrio Nelson Mandela llevan guardaespaldas, paradójicamente son policías vestidos de civil, y ahora esos líderes pobres sí que se parecen a los grandes empresarios y ejecutivos que se pasean por la ciudad amurallada, todos llevan escoltas, aunque estos últimos llevan más cantidad.

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Las escaleras, todavía en construcción, del que será el edificio más alto de Cartagena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


SURIMAGES 2008

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