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ESPECIAL ALTO ARIARI

Lucerito, "una mujer ejemplar"

Puerto Esperanza / El Castillo / Meta / Febrero 2007

Por
Ismael Santaclara


Lo primero que Lucero hizo nada más ver a los hombres que acababan de llegar a su casa fue dirigirse hacia el atril y coger su Biblia. Esos hombres llegaron, como relató uno de los hijos de Lucero durante la conmemoración del asesinato, “en esas horas en las cuales acostumbra el ladrón y el cobarde a cometer sus fechorías”.

Lucero, Lucerito, como la llama su mamá, se destacó rápido en los primeros años en la escuela, llegó a cursar 3º y 4º en el mismo año y, aunque tuvo que dejar la escuela en ese punto, siempre destacó por su mente ágil y coordinada, lo dice su mamá, Luz Elena: “Desde muy pequeñita era muy entendida, adelantó mucha de la sabiduría en la casa porque tuvo que dejar el colegio, éramos pobres, también la escuela estaba muy lejos…”


Luz Elena, madre de Lucero, durante la conmemoración.

No tuvo suerte con los hombres, afirma su madre “debido a la pobreza ella se dio a un hombre, el hombre le dio mala vida, porque ya sabe que el hombre es jodido, cela y molesta a las mujeres, sin causa ni motivo, entonces ella se separó porque le pegaba mucho, pero el hombre ya murió”. Tuvo dos relaciones más, y 9 hijos en total, a los que tuvo que sacar adelante sin apenas ayuda masculina. Su madre lo tiene claro: “ella fue una mujer ejemplar".

Durante años vivió como campesina en las veredas y en 1989 se trasladó al pequeño casco urbano del corregimiento de Puerto Esperanza, en el Municipio de El Castillo, en el departamento del Meta. En esta zona, localizada en el parte alta del río Ariari, está una de las reservas colombianas de agua fresca, hay prospecciones petrolíferas, minas de cal, el pasto para el ganado no faltaría y vale perfectamente para plantar palma africana. Además, está pegada a la antigua Zona de Distensión para la guerrilla de las FARC, que se habilitó durante las conversaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y esa guerrilla, rotas en Febrero de 2002.


Antigua propaganda del Diario VOZ, del Partido Comunista, en el centro de Puerto Esperanza.


 
Diversos instantes de la conmemoración religiosa.
   

Desde Puerto Esperanza Lucero trabajó con SINTRAGRIM, el sindicato de trabajadores agrarios independientes del Meta, continuó su militancia en el Partido Comunista Colombiano (PCC), se unió al proyecto político de la Unión Patriótica (UP), colaboró con la Unión de Mujeres Demócratas (UMD)y, ya en el 2000, comenzó su etapa final, como Presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC), haciendo especial énfasis en la defensa y promoción de los Derechos Humanos en la zona, como confirman muchos de los que la conocían bien. Además, se dedicó con tesón en lograr una acreditada escuela para niños y jóvenes en Puerto Esperanza que pudiera desempeñar en importante papel para la comunidad en la región, se llamaba la Unidad Educativa El Encanto, en su mayor apogeo tuvo 180 alumnos. Lucero formaba parte activa de la Asociación de Padres de Familia de la escuela.

“El ejército y los paramilitares estuvieron combatiendo a la guerrilla en la vereda La Esmeralda, y por la tarde bajaron a Puerto Esperanza. Algunos se fueron, otros se quedaron” comenta otro de sus hijos. Desde Agosto del 2002, hasta el 6 de febrero de 2004, día del asesinato de Lucero y su hijo Yamid, se mantenían regularmente en la zona operaciones conjuntas entre unidades militares del Batallón 21 Vargas y paramilitares del Bloque Centauros de las ACCU, según han denunciado en distintas ocasiones los campesinos y las organizaciones sociales que trabajan en la zona.


Galería de la memoria, en la casa de Lucero Henao.

A Lucero ya la habían venido a buscar hace dos o tres meses, pero no la encontraron. No le perdonaban su labor de defensora de derechos humanos, y tampoco le perdonaron el que se hubiera “escapado”, sacando su ganado por otro valle, del robo generalizado de las reses de los pequeños propietarios de la zona, que se produjo en la región durante esos dos años, como recuerda un religioso “los camiones de los paras pasaban por acá cargaditos de ganado, por delante de la policía, pero no pasaba nada”. Quince días antes, ese mismo religioso le aconsejaba que se fuera unos meses, sólo dos o tres, para dejar pasar un tiempo, ya que todo estaba muy calentito, Lucero le contestó que se quedaba y añadió “Pero, ¿usted no tiene fe?" Ella ya había tomado su decisión, ya se lo había comentado a mucha gente, “me quedaré mientras haya gente”. En Puerto Esperanza, de 80 familias en el 2002 habían pasado en dos años a ser no más de 10.

El cura también recuerda cómo Lucero era la coordinadora del grupo bíblico y apoyaba a la parroquia en lo que fuera necesario. Además de fervorosa creyente, era muy justa en sus actuaciones, por eso se hizo querer por muchos, a su funeral en Villavicencio asistieron ocho sacerdotes y decenas de personas. Durante esos años, y como presidenta de la JAC, tuvo que realizar el levantamiento de los cadáveres que iban apareciendo por las veredas, la mayoría eran campesinos asesinados. Ella no dejó de denunciar estos hechos, en la medida que su delicada situación le permitía.


Estado actual del salón comunal de Puerto Esperanza.


 

Esa tarde, algunos de los paramilitares al mando de Omar “El Africano” , se quedaron en Puerto Esperanza, el ejército seguía por la zona. A las 10 de la noche llamaron a la puerta de la casa de Lucero, en el centro del caserío. “Sabiendo ya que venían a por ella, ella abrió” , continúa su hijo, “después de registrar la casa y robar la plata, a mi hermano Yamid los paras le dijeron que también fuera con ellos”.

Yamid tenía 15 años, había nacido el 16 de Noviembre de 1988 y fue distinguido con mención de honor en todos sus grados en la escuela. Para el 2004, ya tenía cupo para ingresar en 9º grado en Villavicencio. Amaba el fútbol, el campo, las peleas de gallos y ganó un concurso de cometas. “A mi hermano lo mataron porque reconoció a los paracos que habían venido a buscar a mi madre la primera vez, haciéndose pasar por guerrilleros. Aunque ellos dicen que lo mataron porque iba mucho a la vereda La Cima a ver a la guerrilla, pero mi hermano lo que iba a allí era para ver a una novia que tenía por allá arriba”.

“Mi hermana y una prima salieron detrás de los paramilitares que se llevaban a mi madre y a mi herrmano, pero las jalaron y las botaron para un lado, y luego se escucharon los tiros”. Dicen que a Lucero no pudieron arrebatarle la Biblia, y dicen que los paramilitares la torturaron al obligarla a presenciar primero la ejecución de su hijo Yamid.

Sólo al alba pudieron salir los familiares a buscar los cuerpos de la madre y el hijo, asesinados en la parte de atrás del caserío. El 13 de Febrero, una semana más tarde, Puerto Esperanza quedó desierto.

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Desde hace dos años las familias campesinas están volviendo a la región del alto Ariari, despacio, con miedo, empezando de cero, pero buscando un nuevo comienzo. Algunos se han agrupado en la Comunidad de Vida y Paz (CIVIPAZ), apoyada por organizaciones sociales nacionales e internacionales. Otros lo han hecho por su cuenta. El 10 de Febrero de 2008 se celebró en Puerto Esperanza el 4 aniversario de la muerte de Lucero y Yamid. Acudieron familiares desplazados y simpatizantes, también se desplegó la galería de la memoria, en recuerdo de algunas de las víctimas de la región. Las imágenes corresponden a ese día.

Ir al reportajea:"Los campesinosde Comunidad de Vida y Paz a de El Castillor"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


SURIMAGES 2008

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