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ESPECIAL ALTO ARIARI

Los campesinos de la Comunidad de Vida y Paz de El Castillo

El Castillo / Meta / Febrero 2007

Por
Ismael Santaclara


La mayoría de los campesinos de las zonas rurales del alto Ariari, en el municipio de El Castillo, se desplazaron definitivamente con las operaciones militares del 2 de Agosto de 2002. Hasta ese momento los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército y los paramilitares duraban pocos días y luego venían unas semanas de calma, alguno se desplazaba, pero enseguida volvían, esta vez fue diferente.

Unos meses antes, en Febrero de 2002, los diálogos de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana llegaron a su fin, el ejército tenía ganas de enfrentar a una insurgencia que llevaba cuatro años, según el sentir de muchos militares, mamando gallo a los políticos.

El día 2 de Agosto bombardearon y ametrallaron la zona desde el aire. Varios impactos atravesaron el tejado de zinc de una casa y quedaron incrustados en el colchón en el que dormían una pareja de ancianos. Mientras tanto, comenzaba el operativo terrestre de la Fuerza de Acción Rápida (FUDRA) y el Batallón 21 Vargas; “No nos teman a nosotros, teman a los que vienen detrás”, recuerda una campesina que decían los soldados que llegaron a la finca. Si lo que querían era provocar el desplazamiento lo consiguieron. Los que pudieron no esperaron la llegada de los paramilitares, desde hacía días se conocían los rumores de lo que hacían con sus víctimas.

 

Algunos no se fueron, algunos fueron asesinados, “pero la guerrilla se voló monte arriba” recuerdan los campesinos. Pero lo que también empezó fue otro desplazamiento, el del ganado de la región. Las reses se concentraron en varias fincas y se bajaban hasta el corregimiento de Puerto Esperanza, para luego salir en camiones por Medellín del Ariari, hasta llegar a los mercados de la capital, Villavicencio, o a otras fincas en el departamento del Meta, pasando sin problema los controles policiales .

Estas tierras, de las más fértiles de Colombia, están en la falda de la Cordillera Oriental, a poca distancia de los páramos de Sumapaz, y es antesala de los Llanos Orientales. Antes del desplazamiento las familias cultivaban café, yuca, cacao, plátano, maíz, fríjol… y también algo de coca, bastante normal en todo el departamento del Meta. No tenían problemas para subsistir y ganaban lo suficiente para comprar ropa, sal, jabón, lo que no podían producir. Además, muchos eran pequeños ganaderos buscando, ya sea ingresos extras, o una forma segura de ahorrar. La riqueza hídrica de la región permitía tener excelentes pastos para ganado. Eran familias colonas que habían llegado a la zona hace 40 o 50 años, que huían de la violencia entre conservadores y liberales, y provenían del Tolima y el Huila, principalmente. Allí también llegaron las guerrillas liberales de Dumar Aljure, o las comunistas de Plinio Murillo, más tarde llegaron las FARC. Los colonos abrieron monte y se fueron expandiendo, fomentando el trabajo comunitario y organizándose en sindicatos agrarios, para coordinar el flujo de migración, pues al cabo del tiempo ya no quedaba tanta tierra libre.

 

 

Con el desplazamiento muchos tuvieron que abandonarlo todo; gallinas, reses, marranos, perros, la casa, los muebles, los cultivos… los objetos personales. Unos fueron a Villaviciencio, otros a Puerto Rico, Mapiripán, a Vistahermosa, a Guayabero o a Calamar… Unos trabajaron como jornaleros en las grandes fincas, otros se fueron de raspachines a las plantaciones de coca del sur, muchos se quedaron en Villavicencio viviendo de la caridad, o vendiendo chicles por las esquinas.

Al cabo de uno meses los que estaban en Villavicencio empezaron a organizarse pensando en la posibilidad de regresar a sus tierras. Crearon La Comunidad de Vida y Paz del municipio de El Castillo - CIVIPAZ, todavía estaban desplazados, pero ya buscaban los apoyos para el retorno, si las condiciones de seguridad se daban. Las pretensiones de retornar provocaron el asesinato de varios de los impulsores de la Comunidad, como Reinaldo Perdomo, también desplazado y líder natural de la región, él había dicho: “no debemos huir por más persecución que exista, debemos resistir y por eso debemos retornar, no podemos repetir la historia de huidas, es tiempo de construir la esperanza en nuestras tierras, es necesario regresar, ahí está nuestra dignidad”. El 12 de Agosto de 2003 fue asesinado en su barrio de Porfia en Villavicencio, de tres disparos en la cabeza. Un año después, el 6 de Agosto de 2004 caía Lucero Henao, otra de las líderes emblemáticas de Puerto Esperanza, asesinada por los paramilitares junto a su hijo de 15 años, por denunciar las graves violaciones a los Derechos Humanos cometidas por los paramilitares y la fuerza pública. En total en la región unas 200 víctimas entre asesinatos, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, incluidos los crímenes cometidos por la guerrilla. La impunidad en todos estos casos es prácticamente total.

 

 

Sin embargo, para el Estado la situación de seguridad en la zona nuca permitía el regreso de casi mil familias desplazadas entre 2002 y 2004; la vicepresidencia, la defensoría, todos retrasaban las reuniones. Pero en marzo de 2005, sin esperar el apoyo estatal , y tras varios meses de acondicionar una fina cercana a Puerto Esperanza, algunas familias volvieron, como una Comunidad unida, pero recelosa de cualquiera de los actores armados, legales o ilegales. Otro campesinos regresaron, pero sin implicarse en CIVIPAZ. Todavía existen presiones a los que volvieron, insisten porque son tierras ricas en agua, con exploraciones petrolíferas, minas de cal, buenas para el ganado y aptas para la palma africana.

Pero ahora lo primero que los campesinos tienen que enfrentar son los problemas legales de la titulación de sus tierras. Muchos la heredaron sus padres y abuelos, o se la compraron a los primeros colonos, sin papeles, sin registro, y ya están apareciendo documentos, como el impuesto pedrial, a nombre de personas desconocidas en la zona: “tenemos que tener mucho cuidado, si no han dudado en matar, no van a dudar en hacer todas las trampas “legales” posibles para quedarse con todo esto”, advierte una campesina.

Ir al reportaje sobre Lucero Henao: Lucerito "Una mujer ejemplar"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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